Gracias Señor por no dejarme,
y
en los momentos tristes consolarme,
gracias por escuchar mi oración,
y
ser el motivo de mi adoración,
sin ti no puedo vivir,
pero a tu lado se que puedo sobrevivir,
no me desampares mi Dios,
porque sin ti quedaría en la oscuridad,
tu eres la luz que alumbra mi sendero,
la señal que guía mis pasos,
la voz que me apoya cuando voy desfallecer,
tu eres quien me sostiene cuando voy a caer.
En mis momentos de tristeza te busqué
y
en los de gozo te alabé,
porque tu me diste las fuerzas para soportas las
luchas,
me diste la armadura, la espada y el escudo,
para poder evitar las flechas del enemigo,
acabar con el,
y soportar lo que contra mi venga,
escuchaste mis suplicas y me respondiste,
y
de rodillas ante ti me viste,
me sacaste del foso de los leones
y
le diste una nueva esperanza a mi vida,
gracias o Jehová te doy,
porque jamás dejarme solo,
y
ante mis problemas me diste la victoria,
y
a mi vida mil bendiciones le regalaste,
me diste a beber del agua de tu manantial,
me diste vestiduras blancas para yo estar desnudo,
calzaste mis pies cuando estuve descalzo,
curaste mis heridas
y
me ayudaste para ya no caminar en falso,
aunque mi padre y mi madre me dejaron,
tu me recogiste,
y
como tu hijo me amaste,
gracias por no dejarme solo,
y
librarme de mis problemas,
los que una vez dijeron llamarse amigos,
me olvidaron,
porque yo andaba contigo me comentaron,
mas yo no me resigné
y
de ti no me aparté,
porque tu eres todo para mi,
y nada mas importa,
en mis momentos de tristeza,
a ti te buscaba,
doblaba mis rodillas,
cerraba mis ojos
y
a ti yo oraba,
porque en la oración está el poder.
¡Oh Señor! Eres maravilloso,
porque quitaste las lágrimas de mis ojos sollozos,
me has librado de mis miedos;
y
mis ataduras haz roto,
arrancaste de mi corazón todo lo malo,
y
sembraste la semilla del valor y la justicia,
limpiaste mi alma con tu sangre
y
tallaste mi espíritu,
como un orfebre talla un diamante,
rehiciste mi vida,
como un alfarero rehace una vasija,
todo esto lo has hecho tu mi Señor Jehová,
porque me amas como la niña de tus ojos,
diste alegría a mi vida mayor que la ellos,
cuando abundaba su grano y su mosto,
me enviaste al Espíritu Santo como consolador,
y
la esperanza de que siempre seré tu adorador,
agradecido estoy contigo Jesucristo,
por todo lo que por mi hiciste,
por darme la vida,
por derramar tu sangre en la cruz y limpiar mis
pecados,
por amarme como nadie podrá hacerlo jamás,
y
tantas cosas maravillosas,
que jamás podré culminar,
porque son interminables,
gracias Señor,
siempre te alabaré,
te adoraré,
y
mi vida a ti daré...
Por siempre te amaré mi Señor gracias...
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